Un fallo reciente que condena a una médica auditora por los daños ocasionados a una paciente a raíz de la negativa por parte de aquella a la realización un estudio, nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la actividad del auditor y la responsabilidad individual que les cabe a estos profesionales. Los auditores médicos, que suelen encontrarse en relación de dependencia o contratados por las instituciones y financiadores, se desenvuelven en un medio cada vez más demandante de recursos escasos, los cuales deben ser administrados eficientemente. No se discute que dentro de las importantes funciones que cumplen los auditores, la del control de tratamientos o estudios que se consideran excesivos o innecesarios resulta fundamental. Tampoco puede hablarse de una atención de calidad si no hay eficiencia y equidad en la administración de los recursos. Esta responsabilidad los enfrenta cotidianamente con situaciones conflictivas, en las cuales deben balancear los intereses del médico tratante, del paciente y del financiador. La medicina gerenciada, por otra parte, aumenta cada vez más la presión sobre sus auditores para contener costos innecesarios, y el excesivo celo en el control de los recursos puede llegar a ocasionar daños a los pacientes y exponer a los médicos auditores a juicios por responsabilidad profesional.
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