EL PELIGRO DE LAS ÓRDENES VERBALES

Las órdenes verbales entrañan muchísimas más posibilidades de error que las escritas. Ruidos de fondo, interrupciones, fonética, números… son sólo algunos de los elementos que atentan contra una correcta interpretación del mensaje. Error que puede consumarse cuando el emisor (médico), asume que el receptor (enfermero-farmacéutico) comprendió correctamente

¿Cómo manejarse entonces?

Muchas instituciones han intentado prohibir toda indicación que no sea escrita. Sin embargo, en la práctica esta es una situación difícil de sostener en el tiempo. Por ello resulta conveniente normatizar las circunstancias en que pueden aceptarse órdenes verbales y la forma en la que deben darse. Aquí van algunas recomendaciones

  • Hacer que todos aquellos que reciban una orden verbal o telefónica escriban la indicación completa o la ingresen en el sistema computarizado, se lo lean de vuelta a quien realizó la indicación y reciban la confirmación. (ERC – escribo-repito-confirmo)
  • Establecer normas institucionales claras que limiten las órdenes verbales a aquellas condiciones de urgencia donde la comunicación escrita no es posible, especificando claramente la indicación y las dosis.
  • Registrar la orden recibida en la hoja de indicaciones de la historia clínica del paciente.
  • Limitar el número del personal que puede aceptar órdenes verbales. De esta forma éstos lograran una mayor familiaridad con las normas institucionales y la metodología y se disminuirá el margen de error.
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