LA HIGIENE DE MANOS DEBE TOMARSE EN SERIO

Se estima que, en cualquier momento dado, más de un millón 400 mil personas en todo el mundo sufren de infecciones contraídas en hospitales. Las infecciones asociadas a la atención sanitaria afectan tanto a países desarrollados como a países en vías de desarrollo. Además de ser una fuente importante de morbilidad, las infecciones hospitalarias son una de las principales causas de demandas por responsabilidad profesional contra médicos e instituciones.

Las manos de los trabajadores de la salud son los vehículos más comunes de transmisión de patógenos y favorecen la dispersión de microorganismos resistentes. Ya es abrumadora la evidencia científica que demuestra que la antisepsia de manos disminuye la incidencia de este tipo de infecciones en forma dramática. Si bien el hábito de la higiene de manos de las personas que se dedican al cuidado de paciente parece elemental y básico, el grado de adhesión al cumplimiento de la norma es inferior al 50%, tanto en la Argentina como en el resto del mundo. El cumplimiento del lavado de manos es inaceptablemente bajo y exige un mayor compromiso del sector para modificar esta situación.

La Alianza Mundial para la Seguridad del Paciente, patrocinada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha hecho de la higiene de manos una de sus nueve prioridades. La considera una medida fácil de cumplimentar, económica, efectiva, accesible para todas las instituciones y de gran impacto en la seguridad del paciente.

¿Por qué, siendo la higiene de manos la piedra angular en la prevención de las infecciones hospitalarias, los médicos y las enfermeras no se lavan las manos?

Las razones que suelen esgrimirse son:

  • Olvido
  • Para no demorar la asistencia
  • Falta de conocimiento y de conciencia de la importancia de esta acción
  • Sobrecarga laboral
  • Pobre clima de seguridad en el trabajo
  • Por que ven que otros profesionales no se lavan
  • Por falta de material
  • Por difícil acceso a piletas y dispositivos

En general, el personal sólo se lava las manos cuando las ve o siente sucias, cuando tiene miedo de contagio/contaminación o cuando se siente observada. Paradójicamente, el tiempo destinado al lavado de manos (no más de 1 minuto) es percibido como tiempo perdido cuando probablemente sea la medida aislada más importante para evitar complicaciones que pueden atrasar días o meses la recuperación del paciente.

Sin duda el componente educativo es un elemento crucial e indispensable, pero sus efectos y persistencia son variables cuando se implementan aisladamente. No alcanza con distribuir una norma escrita, dar una charla,  colgar afiches y apelar a la conciencia individual. Las medidas deben ser activas, debe existir educación en terreno y vigilancia continua a fin de detectar las eventuales problemáticas o escollos que suscitarán la violación o incumplimiento de las mismas. Siendo la capacitación tan fácil, el cumplimiento de la norma es un problema de actitud y no de aptitud.

La higiene de manos debe transformarse en una prioridad institucional. Esto requiere el compromiso no sólo de los médicos y enfermeros sino también de los líderes de la organización quienes deberán destinar los recursos administrativos, humanos y económicos necesarios para la tarea.

Resulta entonces imprescindible que las instituciones implementen estrategias multidisciplinarias y multimodales de lavado de manos que incorporen:

  • Abastecimiento de lociones sanitarias para las manos en base de alcohol, fácilmente accesibles, en el punto de atención de los pacientes. El lavatorio debe estar a la entrada de la sala o accesible para cuando se deba eliminar la suciedad. El dispositivo con alcohol debe ser siempre accesible, siempre “a mano”. Los productos deben estar a una distancia equivalente al largo de un brazo del lugar donde se presta atención o tratamiento. Esto puede lograrse mediante frascos de bolsillo que lleva el personal encima o con dispensadores instalados en las camas de los pacientes o en las mesas de noche (o cerca de esta zona). Las lociones sanitarias instaladas en carritos o colocadas sobre una bandeja de vendajes o medicamentos que se llevan a la zona de actividad también cumplen con esta función.

 

  • Acceso a un suministro de agua seguro y continuo en todas las llaves/grifos, y las instalaciones necesarias para llevar a cabo la higiene de manos.

 

  • Educación de los trabajadores de la salud sobre las técnicas correctas de la higiene de manos. La capacitación debe ser creativa, constante, innovadora, dirigida y precisa. Hay desarrollado abundante material multimedia al respecto con ejemplos de lo que se debe y no se debe hacer. Como ejemplo, aportamos en este boletín el link con un video de instrucción desarrollado por el Ministerio de Salud de México, que puede ser una herramienta útil, ya que muchos profesionales desconocen los pasos elementales de un correcto lavado.

 

  • Exhibición de recordatorios que promuevan la higiene de manos en el lugar de trabajo

 

  • Medición del cumplimiento de higiene de las manos a través de controles de observación y retroalimentación del desempeño de los trabajadores de la atención sanitaria.

En los últimos tiempos, la cultura de seguridad de los pacientes ha llevado a un enfoque sistémico de los errores médicos, focalizando su atención sobre los sistemas y no sobre los individuos fomentando una cultura no punitiva que favorezca la discusión acerca de los errores. Ahora bien, teniendo todos los elementos a mano y habiendo advertido al personal de la importancia de esta norma, la violación sistemática de la misma no debe ser considerada como error sino como desidia y debe acarrear las sanciones disciplinarias correspondientes.

La higiene de manos salva vidas y evita demandas por responsabilidad profesional. Ya es hora de tomarla más en serio.