COMPETENCIAS MÉDICAS PARA EL SIGLO XXI 

Ya ha pasado más de un siglo desde que el informe Flexner, publicado en 1910, revolucionara la educación médica en los Estados Unidos y Canadá y, por extensión en el mundo entero. A partir del mismo, se mejoraron significativamente los procesos y sistemas de enseñanza, con un importante énfasis en la especialización, definiendo el entrenamiento necesario mediante la exposición a contenidos específicos por determinados períodos de tiempo. Desde entonces, el modelo biomédico, centrado en la enfermedad y no sobre la persona, ha tenido una preponderancia casi total. Ha sido sin ninguna duda de una gran eficacia para explicar y curar numerosas patologías, pero en los tiempos actuales resulta incompleto. El modelo Flexneriano ya no es suficiente ni satisfactorio. Hoy los pacientes esperan mucho más que una buena experiencia técnica. Cada vez más, los pacientes exigen médicos que establezcan lazos en el plano humano, que sean capaces de escuchar activamente y que los hagan partícipes de las decisiones que les conciernen. Por otra parte, se necesitan médicos más conscientes del sistema en el que actúan y del impacto de sus decisiones sobre el mismo. La medicina del futuro expondrá a su vez cada vez más a los médicos a dilemas bioéticos por lo que resulta imperioso reforzar su educación en esta materia.

Ya en la segunda década de este siglo XXI resulta necesario redefinir la competencia médica, incluyendo elementos que parecen ser más importantes hoy que ayer.

A partir de la década del ´70, comenzaron a publicarse en la literatura médica muchas definiciones de “competencia”. Sin embargo, haciendo una síntesis de las mismas, podemos definir a la competencia como la combinación dinámica de conocimientos, habilidades, actitudes y responsabilidades.  Esta definición pone en pie de igualdad a la experiencia técnica con factores actitudinales y de compromiso.

 

 

 

 

En una amplia encuesta realizada en Canadá, los pacientes y los médicos coincidieron en que, además de ser perito en su especialidad y contar con experiencia médica, el médico especialista debía ser un buen:

 

  • Comunicador

Las fallas en la comunicación son la causa raíz de la mayoría de los eventos adversos (daños) sufridos por los pacientes. Todos los profesionales de la salud deben comunicarse efectivamente con los pacientes, familiares, colegas, e incluso con el público general o con los medios de comunicación.

  • Colaborador

Atrás quedaron los días en los que la seguridad quedaba exclusivamente bajo la responsabilidad individual del médico y donde el resto del equipo (enfermeros, técnicos, etc.) jugaba un rol subordinado. Hoy el sistema de atención es muy complejo, y la habilidad para trabajar de manera colaborativa, tanto dentro del propio equipo como con otros servicios, resulta vital para una atención óptima y centrada en el paciente.

  • Administrador

Los profesionales de la salud, como parte integral de las organizaciones de atención médica, deben gestionar adecuadamente los recursos, organizando prácticas sustentables, tomando decisiones acerca de cómo asignar los recursos y contribuyendo a la efectividad del sistema.

  • Promotor de salud

Un promotor de salud es alguien que aboga por una causa. En este sentido, los profesionales de la salud interceden ante las inequidades, las prácticas injustas y las prácticas potencialmente peligrosas para la salud.

  • Investigador/estudioso

Dada la velocidad con la que se renueva el conocimiento científico, los profesionales deben desarrollar una gran capacidad de estudio. Durante toda su vida deben demostrar su compromiso con la aplicacón de nuevos conocimientos, el aprendizaje reflexivo y la enseñanza a los demás.

 

  • Profesional

Quienes se dedican a cuidar personas deben comprometerse con el bienestar de los individuos y de la sociedad, a través de una práctica ética, auto-regulada y con altos estándares de conducta.

Fuente: Biblioteca Virtual NOBLE ®