Estrés y burnout

La relación entre los niveles de estrés y el rendimiento humano ha sido confirmada ampliamente por la investigación científica. Si bien cierto nivel de estrés es necesario para que los profesionales de la salud se mantengan alertas a las condiciones cambiantes del paciente o del entorno, y puedan así responder de manera apropiada, muchas veces las condiciones laborales y las fricciones propias de las interacciones con otras personas devienen en el síndrome de burnout (estar “quemado por el trabajo”), caracterizado por la tríada compuesta por el agotamiento emocional (pérdida progresiva de energía y motivación, desgaste), la falta de realización y rendimiento personal (la sensación de que el trabajo de uno no marca ninguna diferencia), y la despersonalización (incapacidad para establecer una conexión humana) (Saborio Morales L; Hidalgo Murillo LF, 2015)

Lamentablemente, las condiciones de trabajo, agravadas durante este último año por la pandemia COVID-19 determinan que el burnout de los trabajadores de salud sea una condición de alta prevalencia. Rotenstein et al. encontraron una gran variabilidad (0% a 80,5%) de este trastorno entre los médicos (Rotenstein, 2018). Entre las enfermeras, se encontró una prevalencia del 30% en al menos uno de los tres dominios principales del síndrome (despersonalización, agotamiento emocional y bajo rendimiento profesional) (Gómez Urquiza et al, 2017).

Un meta-análisis publicado en 2019 reveló una asociación entre el burnout y los errores asistenciales. Aunque algunos estudios señalan esta asociación de forma menos significativa, este meta-análisis mostró una asociación de más del 60% (García et al, 2019). En las unidades estudiadas que tuvieron puntuaciones más altas de agotamiento, se observó un deterioro del clima de trabajo en equipo de la seguridad y de la satisfacción laboral.

Habiendo destacado las consecuencias de un alto nivel estrés para la seguridad de los pacientes, también hay que decir que niveles muy bajos de estrés, traducidos en aburrimiento y falta de atención a las tareas, también pueden ser muy contraproducentes.

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