Conducta Temeraria en Cirugía 

El diccionario de la RAE nos dice que una persona es temeraria cuando “es excesivamente imprudente, arrostrando peligros”.(1) Bien vale esta introducción para definir la conducta temeraria, uno de los tres tipos de conductas tan bien descriptas por David Marxs en su modelo de “cultura justa”.(2) Según el autor británico, este modelo reconoce tres situaciones: el error humano, la conducta de riesgo y la conducta temeraria. Los errores humanos implican actos no intencionales e impredecibles que producen o podrían producir un resultado no deseado; no son una elección de conducta –  no “elegimos” cometer errores-. Son las famosas fugas o lapsus, producto en general de la complejidad del sistema de atención y de procesos deficientes. En la conducta riesgosa sí hay una elección de conducta, pero esta decisión suele formar parte de la condición humana: las personas estamos programadas para embarcarnos en hábitos inseguros, perdiendo la percepción del riesgo asociado a las conductas de todos los días, pensando equivocadamente que el riesgo se justifica o es insignificante. Después de todo, ¿quién no ha cruzado calles sin respetar la senda peatonal? En la conducta temeraria, en cambio, la persona es absolutamente consciente del riesgo que está tomando y sabe que es alto, Sabe que otros profesionales prudentes no harían lo que él está haciendo, ya que -a diferencia de la tan habitual conducta de riesgo-, no es la forma de trabajar de la mayoría. Hay en estos casos un absoluto desprecio consciente de riesgos serios e injustificables.

Claro que los límites entre estos tres tipos de conductas a veces son difusos. Uno podría argumentar que un error de sitio quirúrgico o una gasa retenida en cavidad no dejan de ser lapsus o errores humanos o bien que una muerte en el postoperatorio inmediato de un paciente de bajo riesgo (ASA 1) no deja de ser una eventualidad posible en cualquier procedimiento invasivo. Pero, ¿podemos hablar así cuando se conocen desde hace más de 15 años las prácticas de seguridad quirúrgicas destinadas a evitar estas contingencias? (léase protocolo universal para la prevención de error de sitio, procedimiento o paciente, (3)  listado de verificación de seguridad de la cirugía de la OMS,(4) tipo y frecuencia de controles en el postoperatorio).(5) Todas estas prácticas tienen un fuerte nivel de evidencia, y sin embargo son despreciadas por muchos cirujanos como una exageración o una pérdida de tiempo. Después de todo, “eso a mí no me va a pasar nunca”.

Dicho esto, me embarco en un pequeño listado, sin duda arbitrario, de conductas que considero temerarias. Un cirujano es temerario:

  • Cuando somete a sus pacientes a cirugías innecesarias, sin respaldo científico sólido y sin mayor justificación.
  • Cuando adopta una postura excesivamente paternalista, despreciando el proceso de consentimiento informado y minimizando los riesgos al paciente.
  • Cuando por orgullo profesional mal entendido se embarca en procedimientos para los cuales no tiene el suficiente volumen o entrenamiento (lo vemos en cirugías de esófago y bariátricas)
  • Cuando opera, pudiendo no hacerlo, en quirófanos y lugares sin la complejidad necesaria, con mala seguridad ambiental y personal auxiliar inadecuado (lo vemos en cirugías estéticas)
  • Cuando es él quien pone la cara con el paciente pero no quien realmente opera, sino un sub-especialista con quien el paciente no habló nunca. (algo relativamente común en traumatología)
  • Cuando adopta de manera crónica y habitual conductas disruptivas que intimidan a otras personas, generando un ambiente hostil que dificulta el trabajo en equipo y termina poniendo en riesgo al paciente (insultos, amenazas, ataques de ira, etc.)
  • Cuando producido el error, le miente al paciente tratando de justificar lo que hizo en vez de disculparse (algo muy común en el error de lado)
  • Cuando continúa operando pese a marcadas limitaciones de las que es consciente (adicción a drogas, alcoholismo, deterioro psicomotriz)

Parafraseando a Dean Griffin, Ex Presidente del Comité de Seguridad del Paciente del American College of Surgeons: Ninguna ley nos obliga como cirujanos a un estándar de perfección cuando se discuten capacidades técnicas. Errar es humano. Pero las fallas en el área de la conducta profesional son inexcusables” (6)

*Médico Neurocirujano. Director de Relaciones Institucionales y Servicios Médicos de NOBLE Cía de Seguros, especializada en responsabilidad profesional.