WHATSAPP EN MEDICINA Implicancias legales

El uso generalizado y la popularidad que ha adquirido entre los profesionales de la salud el uso del WhatsApp como herramienta de transferencia de información relativa a los pacientes,  nos obliga a reflexionar sobre los riesgos y limitaciones de esta aplicación.  Si bien la comunicación por esta vía ahorra tiempos y facilita la comunicación de los miembros del equipo de salud, presenta algunas desventajas, muchas de las cuales pueden tener ramificaciones médico-legales: interrupciones frecuentes; disparidad en la urgencia; disminución de la comunicación verbal; estar en línea las 24hs. (lo que puede ser visto como una ventaja dependiendo del contexto); no puede imprimirse fácilmente un registro de la comunicación; las comunicaciones no se vuelcan rápidamente en la historia clínica; y dificulta la correcta identificación del paciente (al tener que hacer anónima la imagen o la información). Otras limitaciones del WhatsApp tienen que ver con temas de conectividad a Internet (necesidad de una excelente señal de Wi Fi en todos lados), la falta de un adecuado seguimiento en algunas discusiones de casos y la calidad muy variable de las imágenes que se transmiten.

Algunos profesionales también manifiestan su preocupación por la sobrecarga de información de esta aplicación y similares. Para muchos, encontrar mensajes de trabajo en sus teléfonos personales les resulta muy intrusivo y eligen en cuanto pueden salir del grupo de WhatsApp.

Pero sin dudas,  el mayor problema que plantea el uso del WhatsApp es el riesgo de violar el derecho del paciente a la privacidad y confidencialidad de su información. Si bien los mensajes están encriptados durante su tránsito, eso no significa que sean privados. y los mensajes pueden ser fácilmente leídos en caso de celulares extraviados o robados.

Una fotografía enviada por WhatsApp se descarga de manera automática e inmediata en la galería de fotos del receptor, a no ser que el mismo haya desactivado manualmente la función. Por otra parte, todos los mensajes son almacenados en servidores localizados fuera del país de origen, lo que puede violar distintas leyes locales de protección de datos personales.

Hasta el momento, la mayoría de los médicos son muy cuidadosos y no identifican a los pacientes ni en los mensajes ni en las fotos que envían por este medio (como sugieren las guías de buena práctica digital). Pero esta falta de identificación efectiva también origina sus propios problemas. Una frase deliberadamente vaga como “la persona que te comenté esta mañana con una infección” puede generar confusiones y pone en riesgo la seguridad de los pacientes.

Desde un punto de vista médico-legal, la principal preocupación del uso del WhatsApp es la protección de datos que son confidenciales. Si un miembro del equipo de salud envía información identificable, la misma puede obtenerse fácilmente de todos los celulares de las personas que comparten el grupo de chat, aún cuando la persona en cuestión no haya enviado jamás un mensaje. Por eso, en  caso de pérdida o robo del teléfono, la brecha de seguridad es muy importante.

En las versiones más recientes de WhatsApp, la empresa ofrece el servicio de cifrado de extremo a extremo. Según se promociona, este cifrado asegura que sólo el emisor y el receptor puedan leer lo que se envía y que nadie más, ni siquiera WhatsApp lo pueda hacer (cada mensaje que se envía tiene su propio “candado” y código único). Sin embargo, hay especialistas que sostienen que si bien se protege de esta forma la seguridad de los datos en tránsito, los datos que quedan en el teléfono y en los servidores deben también ser seguros y cumplir con estándares adicionales de seguridad y privacidad.

Casi todas las guías respecto al uso de redes sociales en salud dictan que los médicos, enfermeros y demás miembros del equipo de salud deben abstenerse de enviar por este medio información o imágenes que permitan identificar al paciente. Si se le pregunta a un médico si alguna vez ha utilizado WhatsApp con fines profesionales, la respuesta más probable será que sí, pero que nunca comparten mensajes que permitan revelar la identidad del paciente. En otras palabras, los profesionales creen que el WhatsApp puede ser utilizado en la medida que los datos del paciente permanezcan anónimos. Sin embargo, este impulso natural a proteger la privacidad “anonimizando” los datos pasa por alto uno de los principios fundamentales de la seguridad de los pacientes: la identificación efectiva de los mismos. Si se quieren evitar incidentes potencialmente fatales vinculados a la confusión de pacientes, todos los miembros del equipo de salud deben estar absolutamente seguros de la identidad de la persona que están discutiendo.

Cuando los profesionales asumen que pueden usar libremente el WhatsApp siempre y cuando la información que transmite sea anónima, están priorizando la confidencialidad por sobre la seguridad del paciente, una práctica potencialmente peligrosa y que dispara preocupaciones distintas pero no menos serias. ¿Entonces, cómo balancear la seguridad de los pacientes y la confidencialidad?

Los códigos de práctica y guías acerca de las obligaciones de los profesionales de salud con sus pacientes claramente establecen que la obligación de compartir información es tan importante como la de proteger la confidencialidad de la misma, en búsqueda de una atención segura, completa y efectiva.

El General Medical Council Británico, por ejemplo, ha estipulado expresamente que “Los estándares esperados de los médicos en cuanto a la confidencialidad no cambian porque en vez de comunicarse cara a cara o de manera tradicional lo hagan a través de medios sociales. Sin embargo, las redes sociales plantean nuevas circunstancias sobre la cuales aplicar principios establecidos.”  Y dentro de estos principios establecidos mencionan:

  1. Cualquier información personal en poder o bajo el control de un profesional de la salud debe ser protegida en todo momento de manera segura y apropiada contra el acceso indebido, filtración o pérdida.
  1. El profesional de la salud debe desarrollar y mantener una acabada comprensión de su responsabilidad en la gestión de la información
  1. El profesional de la salud debe saber qué datos del paciente debe comprometerse a preservar y ayudar a cumplir con leyes que protegen los derechos del paciente al respecto.
  1. El profesional de la salud debe compartir información relevante sólo vinculada a la atención directa del paciente, a no ser que este último no lo haya objetado expresamente.
  1. Cuando resulte apropiado, el profesional de la salud debe solicitar y obtener el consentimiento escrito para revelar datos personales del paciente con fines ajenos a su atención directa o de auditoría clínica, a no ser que la revelación sea requerida por ley o sea en bien del interés público.
  1. El profesional de la salud debe informar a los pacientes de cualquier revelación de datos personales que planea realizar y que ellos razonablemente no esperan. Se debe mantener un registro de la discusión por la cual se plantea revelar la información y la información que se descubre.
  1. El profesional de la salud debe respetar y brindar siempre asistencia a las partes que desean ejercitar su derecho a estar informados sobre el uso que se dará a la información que brindan y de cómo acceder a una copia de la misma.

Estos principios generales deberían ser tenidos siempre en cuenta por los profesionales de la salud que buscan mantener un adecuado equilibrio entre la confidencialidad y la revelación de datos del paciente, ambas en su propio beneficio.

Según el mismo Consejo Médico Británico, los profesionales pueden revelar y compartir información del paciente a terceras partes en cualquiera de las siguientes circunstancias:

  1. El consentimiento puede darse por implícito cuando la información se comparte con las personas involucradas en la atención del paciente o debe ser revisada con fines de auditoría clínica.
  1. Cuando se ha obtenido el consentimiento explícito del paciente
  1. Cuando la información se revela o comparte en beneficio de pacientes que carecen la capacidad de consentir
  1. Cuando la revelación de la información es de interés público-sanitario

En definitiva, los profesionales de la salud pueden compartir información del paciente por este medio siempre y cuando se cumplan los principios de confidencialidad establecidos (algo muy difícil con el desarrollo actual del Whataspp) o cuando se presentan los criterios que relevan al profesional del secreto médico.

Cuando el médico considera que lo mejor para el paciente es compartir su caso (información, imágenes) con otros colegas o especialistas, resulta importante establecer  si se requiere o no el consentimiento del paciente para hacerlo. Lo primero que el médico debe determinar es si el profesional que recibirá la información tiene o no una relación profesional existente con el paciente. Esto es lo que determinará en definitiva si se requerirá su consentimiento. Lo segundo a considerar es si la “anonimización” de los datos del paciente cuando recaba la opinión de un colega, al no identificarlo efectivamente, no sería inapropiada y potencialmente negligente. Este segundo aspecto se enfatiza a la luz de la creencia generalizada de que el envío de datos e imágenes en forma anónima es siempre la forma más apropiada de utilizar medios sociales como el WhatsApp con fines profesionales, cuando no se quiere violar el secreto médico.

Habiendo abordado las circunstancias en las cuales los profesionales pueden revelar y compartir entre ellos información de los pacientes, es importante considerar si la información compartida por WhatsApp debe considerarse parte de la historia clínica. La ley argentina sobre derechos del paciente (Ley 26.529) define  a la misma como el documento obligatorio cronológico, foliado y completo en el que conste toda actuación realizada al paciente por profesionales y auxiliares de la salud.”. Estas actuaciones incluyen opiniones de especialistas, interpretación de las imágenes, etc. Por lo tanto, mucha de la información que se intercambia por Whatsapp puede considerarse parte de la información sanitaria que está protegida por ley, debiendo cumplir con los requisitos que allí se establecen en términos de confidencialidad, integridad y conservación. Esto no significa que la información deba almacenarse en el historial de la red social, sino que la información allí volcada debe ser de alguna forma capturada y documentada en la historia clínica del paciente. Al igual que lo que ocurre actualmente con las consultas “de pasillo” queda a criterio del profesional tratante establecer qué parte de la información intercambiada por WhatsApp debería registrarse formalmente en la historia clínica.

 

Fuente: Vítolo F. WhatsApp en medicina. Biblioteca Virtual noble ®, Marzo 2018