¿QUÉ COMPETENCIAS REQUIERE UN PROFESIONAL DE LA SALUD?


La práctica de la medicina es hoy mucho más eficiente que hace 30 años, pero también es infinitamente más compleja. La fragmentación de la atención en múltiples escenarios y actores, la pobre comunicación entre los distintos especialistas que intervienen y la invasividad de nuevos procedimientos, entre otros factores, determinan que la atención médica sea hoy potencialmente más peligrosa de lo que lo era en el siglo XX. En una era globalizada, con importantes transformaciones sociales, tecnológicas y laborales, los profesionales de la salud  deben desplegar un abanico de herramientas que van mucho más allá de los conocimientos teóricos y prácticos clásicos.

La competencia puede ser definida como “la utilización habitual y juiciosa de comunicación, conocimientos, habilidades técnicas, razonamiento clínico, emociones, valores y reflexión en la práctica diaria para el beneficio de las personas y de la comunidad a la que se atiende. En términos más sencillos, es la combinación de conocimientos, habilidades y actitudes.

En una amplia encuesta realizada en Canadá, los pacientes y los médicos coincidieron en que, además de ser perito en su especialidad y contar con experiencia médica, el médico debía ser un: comunicador competente; colaborador; administrador; promotor de salud; investigador/estudioso; profesional.

Lo dicho para los médicos es aplicable a todos los profesionales de salud.

Comunicador

Los cortocircuitos en la comunicación en ámbitos como el quirófano o las terapias intensivas también son una causa frecuente de eventos adversos serios. Los pases de pacientes y las transiciones asistenciales son especialmente vulnerables a la pérdida de información, independientemente del ámbito. Por otra parte, algunas actividades muy desafiantes, como la comunicación de malas noticias o la revelación de eventos adversos exigen excelentes habilidades interpersonales y de comunicación. Todos los profesionales de la salud deben comunicarse efectivamente con los pacientes, sus familiares, colegas, e incluso a veces con el público en general o con los medios de comunicación. Esta comunicación puede ser escrita o verbal.

Colaborador

Atrás quedaron los días en los que la seguridad quedaba exclusivamente bajo la responsabilidad individual del médico y donde el resto del equipo (enfermeros, técnicos, etc) jugaba un rol subordinado. Hoy el sistema de atención es muy complejo, y la habilidad para trabajar de manera colaborativa tanto dentro del propio equipo como con otros servicios resulta vital para una atención óptima y centrada en el paciente.

Gestor

Los profesionales de la salud, como parte integral de las organizaciones de atención médica, deben gestionar adecuadamente los recursos, organizando prácticas sustentables, tomando decisiones acerca de cómo asignar los recursos y contribuyendo a la efectividad del sistema de salud.

Promotor de salud

Un promotor de salud es alguien que aboga por una causa, y una de las prioridades de los profesionales consiste en “activar” a sus pacientes para que adhieran a los tratamientos y adopten hábitos de vida saludables. Los profesionales de la salud interceden además ante las inequidades, las prácticas injustas y las potenciales prácticas peligrosas para la salud. Estos “defensores” pueden operar a escala local defendiendo la seguridad de los pacientes en su propio servicio, hospital o país, o a escala global.

Investigador, estudioso

Dada la velocidad con la que se renueva el conocimiento científico, los profesionales de la salud deben desarrollar una gran capacidad de estudio. Durante toda su vida deben demostrar su compromiso con la aplicación de nuevos conocimientos, el aprendizaje reflexivo y la enseñanza a los demás.  Para mejorar la seguridad de los pacientes, los profesionales sanitarios necesitan reflexionar sobre su práctica y buscar activamente nuevas formas de lograr que la misma sea más segura.

Profesional

Los profesionales sanitarios están comprometidos con la salud y el bienestar de los individuos y de la sociedad, a través de una práctica ética, auto-regulada y con altos estándares personales de conducta.  Si bien la enseñanza y evaluación del profesionalismo es una prioridad, y a pesar de su obvia relación con la seguridad de los pacientes, continúan reportándose conductas anti-éticas y poco profesionales.

Algunos profesionales tienen bien desarrolladas algunas de estas competencias y carecen absolutamente de otras, Ningún profesional es incompetente en todas las áreas. Por eso, algunos autores han acuñado el término “discompetencia” para estos casos, que son los más frecuentes. La mayoría de los médicos con problemas a repetición serían entonces “discompetentes.  Nadie dudaría en afirmar que un cirujano muy humano y contenedor pero que es torpe operando es un peligro. Pero también es peligroso el cirujano dotado de una técnica exquisita  pero que maltrata a la gente, que no se comunica bien o que es incapaz de jugar en equipo también.

Para desarrollar estas competencias, los programas de formación de grado y posgrado deben definir los conocimientos específicos, habilidades, conductas y actitudes requeridas y brindar las experiencias educacionales necesarias  para que sus residentes demuestren las competencias descriptas.

Fuente: Vìtolo F. Competencias médicas básicas en el siglo XXI. Biblioteca Virtual NOBLE ®