Caídas en residencias de adultos mayores” Magnitud e impacto del problema

En los EE.UU, según datos publicados en 2012 por el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades: (CDC, 2012)

  • 1,5 millones de personas de 65 a más años vivían en 2003 en hogares de ancianos (National Center for Health Statistics, 2005). Si las tasas actuales continúan, para el año 2030 este número se elevará a 3 millones (Sahyoun et al, 2001).
  • Si bien sólo el 5% de los adultos de 65 o más años viven en hogares de ancianos, el 20% de las muertes por caídas en este grupo etario ocurren en residencias geriátricas (Rubenstein et al, 1994).
  • Cada año, un típico establecimiento geriátrico con 100 camas reporta entre 100 y 200 caídas. Se trataría de un subregistro, porque muchas caídas no se reportan. La tasa más frecuentemente citada es de 1,5 caídas por año por cama (Rubenstein et al, 1994).
  • Entre la mitad y dos tercios de los residentes en hogares de ancianos se caen cada año (Rubenstein, 1997). Esta tasa duplica la tasa de caídas de adultos mayores que viven en la comunidad.
  • Los pacientes a menudo se caen más de una vez. El promedio es de 2,6 caídas por persona por año (Rubenstein, Robbins et al, 1990).
  • Alrededor del 35% de las lesiones por caídas ocurren en residentes que no pueden caminar (Thapa et al, 1996).; 2 al 6% causan fracturas de cadera (Rubenstein, Robbins et al, 1988)
  • Entre el 10% y el 20% de las caídas en residencias geriátricas producen lesiones graves que obligan a la hospitalización del paciente (Rubenstein, Robbins et al, 1988). En ancianos que viven en la comunidad, esta tasa es de aproximadamente del 5% (Vu et al, 2004).

Las caídas provocan discapacidad, deterioro funcional y reducción de la calidad de vida. A su vez, el miedo mismo a sufrir más caídas puede causar una mayor pérdida de funciones, depresión, sensación de impotencia y aislamiento social.

Los residentes mayores de 65 años que viven en establecimientos geriátricos tienen tres veces más probabilidades de caerse que su contraparte que vive en la comunidad (Rubenstein et al, 1994). La principal explicación de este fenómeno tiene que ver con el hecho de que los adultos que viven en hogares de ancianos suelen ser mucho más frágiles que los que viven en sus casas. Usualmente son de edades más avanzadas, tienen más comorbilidades crónicas y mayores problemas para caminar; también tienden a tener trastornos cognitivos o de memoria. Por otra parte, su mayor dificultad para realizar actividades básicas de la vida diaria hace que deban ser asistidos permanentemente (Bedsine et al, 1996). Todos estos factores se encuentran relacionados con un mayor riesgo de caídas (Ejaz et al, 1994).

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