Las residencias geriátricas en el marco de la pandemia COVID-19

Durante la actual pandemia COVID-19, el problema de las infecciones respiratorias en los adultos mayores que residen en hogares de ancianos ha adquirido una enorme importancia debido a las importantes tasas de prevalencia de la infección en este grupo poblacional (Dosa et al. 2020). Las revisiones coinciden en que la tasa de mortalidad por COVID-19 se incrementa con la edad, establecida en 8,3% en mayores de 80 años (10,8% si son varones). La tasa de mortalidad en la población general de la enfermedad es 0,79%. Estas cifras varían según el país y, en algunos de ellos la tasa de mortalidad de COVID-19 en mayores de 85 años alcanza el 22,2%. Las personas con algún grado de demencia tienen un mayor riesgo directo e indirecto, dada su incapacidad para cumplir con las recomendaciones de protección personal.

En una revisión de estudios publicados de COVID-19 en residencias geriátricas de larga estadía, el rango de la tasa de positivos de SARS-CoV-2 fue amplia (4% a 77%) con un promedio de 37%, que, lógicamente creció a 42% cuando hubo brotes. La tasa promedio de hospitalización de residentes COVID-19 positivos en los hogares de larga estadía de adultos mayores (HLEAM) fue 44% y la mortalidad 21%. (Gmehlin CG, et al. 2020; ICHE, 2020)

El virus se contagia. (Ver Figura 1)

  • Por vía aérea: gotas, aerosoles, microgotas
  • Al toser, hablar fuerte, cantar, gritar y estornudar
  • Gotas >5-10 micrones ( 1.5 mts)
  • Aerosoles 1.5 mts)

El manejo del brote de COVID-19 en HLEAM es extremadamente más complejo que en el hospital por tres razones principales (Scopetti et al. 2020). La primera está dada por las particulares características de la población asistida. Como vimos, en los adultos mayores las manifestaciones clínicas de las enfermedades infecciosas suelen ser sutiles. Además, es muy probable que el paciente no se queje de sus síntomas o lo haga tarde, o bien que los mismos sean difíciles de interpretar debido a la existencia de enfermedades concomitantes y/o por presentarse con características muy matizadas. La segunda dificultad está dada por el reducido número de profesionales médicos y enfermeros involucrados en las tareas asistenciales del día a día. En tercer lugar, el difícil acceso a distintos estudios virológicos y de todo tipo complica la correcta clasificación diagnóstica y plantea serias dificultades en cuanto a la seguridad de los pacientes y profesionales.

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