Trabajo en equipo y comunicación


Los grupos de trabajo efectivos desarrollan normas de conducta que conducen a un entendimiento compartido, anticipándose a las necesidades o problemas y utilizando métodos acordados para gestionar distintas situaciones, incluyendo aquellas que implican conflictos. Aquellos grupos que logran hacer esto bien reflejan un alto grado de trabajo en equipo y una sólida comunicación.

Entre los rasgos distintivos de los equipos de alto rendimiento se encuentran el trabajo conjunto para planificar el futuro, la reflexión sobre el pasado, la comunicación efectiva y la gestión del riesgo. Esto aplica a todo tipo de equipos, ya sea un equipo quirúrgico o un grupo de enfermeros que trabajan para una misma empresa de atención domiciliaria.

  • Planifique las acciones: Dedique tiempo, aunque sea brevemente en reuniones cortas informativas sobre seguridad (“briefings”) o durante la “pausa” antes de iniciar la cirugía, para delinear los próximos pasos, discutir los posibles riesgos y acordar el mejor camino para gestionar el riesgo, la seguridad y la eficacia.
  • Reflexione sobre lo actuado: Utilice los informes del equipo (“debriefings”) para evaluar lo que ha salido bien y lo que no tanto, buscando identificar posibles áreas de mejora. Los equipos verdaderamente sólidos evalúan no sólo las actividades técnicas operativas, sino también la interacción social del grupo. ¿Se cohesionaron bien como equipo? ¿Todos conocían el plan? ¿Se garantizó la seguridad psicológica?
  • Comuníquese claramente: Los equipos de alto rendimiento utilizan sistemas de comunicación estructurada mediante los cuales se comparte información crítica de manera coherente, sucinta y respetuosa. Excelentes ejemplos de esto son las técnicas SBAR (Situación-Background. Assessment and Recommendation) (IHI SBAR Technique; Graham and Bonacum, 2004), y I PASS (Importancia de la enfermedad. -Paciente-Acciones-Situaciones contingentes y Síntesis) (Starmer et al, 2012). Mediante estas técnicas, los miembros del equipo pueden comunicar de manera rápida y exhaustiva un gran volumen de información que resulta crítica para tomar decisiones. La técnica “Read Back” (Escribo-Repito-Confirmo) es otra herramienta de comunicación estructurada en la cual la persona que oye el mensaje, lo escribe y lee de nuevo lo que ha escuchado para evitar malas interpretaciones en la comunicación y fomentar la precisión (Graham and Bonacum, 2004).
  • Gestione el riesgo: En algunos momentos críticos, los equipos pueden utilizar una palabra o frase designada que indique que se percibe un riesgo y que habilita al equipo a dejar de hacer lo que se está haciendo y realizar un balance de la situación. Tal vez el equipo no esté siguiendo el plan acordado, o la dinámica de la situación haya cambiado. Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando un miembro de equipo ya no entiende lo que el grupo está haciendo en relación al plan establecido, o cuando percibe un mayor riesgo.

Podemos graficar esta gestión del riesgo con un ejemplo: supongamos que un cirujano que está realizando cuna colecistectomía laparoscópica difícil lleva 30 minutos intentando identificar el colédoco entre el abundante tejido cicatrizal que rodea a la vesícula, y su frustración comienza a ser evidente. En ese momento, la instrumentadora o el anestesiólogo podrían sugerir que tal vez otro par de ojos experimentados serían útiles. En la mayoría de los quirófanos actuales, esto sería visto como una intromisión inadmisible y una afrenta a la habilidad del cirujano. Sin embargo, la realidad es que cualquiera corre el riesgo de sufrir una “fijación” con la tarea y que puede ser beneficioso contar con las múltiples perspectivas de un equipo multidisciplinario, En una cultura que fomenta la comunicación efectiva y el trabajo en equipo, se autoriza explícitamente a los miembros del equipo a asumir la responsabilidad no sólo por sus conductas, sino también por la de los otros, en un marco de aplanamiento de jerarquías. Sólo así puede alcanzarse una atención segura, confiable y efectiva. Para que el equipo interactúe de esta manera, cada miembro tiene conocer el plan, dentro de una dinámica que apoye la seguridad psicológica. Las normas de conducta acordadas deben ser recordadas cada vez que resulte necesario.

Según Kelley (1988), la consecución de estos objetivos, tan ambiciosos como necesarios, obliga a que los miembros del equipo se comprometan y sean competentes, valientes y auto-regulados. Esto les permite planificar, reflexionar, comunicar con claridad y gestionar el riesgo.