¡EL NACIMIENTO NO ES UNA ENFERMEDAD!


Hasta hace no muchos años, el nacimiento de un hijo era un acontecimiento familiar y de la comunidad que tenía lugar en los hogares con la protección y ayuda de otras mujeres entrenadas y el acompañamiento de toda la familia.

A fines del siglo XIX y principios del siglo XX comenzó a institucionalizarse y a medicalizarse el parto con el fin de disminuir las muertes maternas y neonatales resultantes de los partos patológicos (no más del 20% del total). Esto fue considerado un progreso, ya que efectivamente dichas muertes disminuyeron, pero, a la vez, significó la incorporación de las parturientas y de recién nacidos sanos a los hospitales, instituciones regidas por los conceptos de personas enfermas. Pasaron a hacer largas colas, internarse para el parto separadas de sus familias, en ambientes intimidantes, con horarios restringidos de visitas, con recién nacidos colocados detrás de vidrios aislantes y a recibir, en general, un trato despersonalizado, desvalorizante y poco afectuoso con consecuencias iatrogénicas como la lesión del vínculo.

El parto se transformó en un acto médico cuyos significados científicos dejaron de lado los otros aspectos esenciales para las familias. Dejó de ser privado y femenino para ser vivido de manera pública, con presencia de otros actores sociales.

El equipo de salud pasó a ser el eje de las decisiones y a usar tecnologías y procedimientos destinados a los embarazos de alto riesgo en todos los casos, incluso en aquellos totalmente normales, transformando las acciones excepcionales en rutinarias. Se consideró conveniente “gobernar o dirigir” el parto, aún los normales, extendiendo prácticas hoy desaconsejadas, pero que en algunas instituciones se siguen realizando, como rasurado perivulvar/perineal, enemas, venoclisis, episiotomías rutinarias y parto en posición horizontal.

El incremento de la tecnología (ecografías, monitoreo electrónico, anestesia peridural, etc.) ha llevado a un alejamiento del parto natural y a un incremento progresivo y abusivo del parto por cesárea, sin una mejora sustancial en los resultados obstétricos y neonatales.

Se transformó el nacimiento en una enfermedad y las madres y sus familias aceptaron ser dominados y subordinados por el Equipo de Salud, perdiendo el protagonismo y aceptando las reglas de las instituciones. Pero en el mundo y en nuestro país, comenzaron a desarrollarse diversos movimientos para volver a transformar el nacimiento en un hecho natural con participación de la familia.

En 1985,  la Organización Mundial de la Salud  (OMS) realizó una reunión en Fortaleza, Brasil, de la que surgió una declaración denominada “El nacimiento no es una enfermedad que dio origen un trabajo continuo a favor de la transformación del modelo de atención. A esta se sumaron múltiples iniciativas para “humanizar” la atención del parto, rescatar el protagonismo de la mujer y su familia y transformar las maternidades en instituciones “Centradas en la Familia” y no en el equipo de salud. A más de 35 años de esta declaración, es muy poco lo que hemos progresado y mucho lo que falta por hacer. Por eso resulta oportuno repasar sus principales puntos:

¡EL NACIMIENTO NO ES UNA ENFERMEDAD!

16 Recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud

Estas 16 recomendaciones tienen por base el principio de que cada mujer tiene el derecho  fundamental de recibir atención prenatal apropiada; que la mujer tiene un papel central en todos  los aspectos de esta atención, incluso participar en la planificación, realización y evaluación de la  atención; y que los factores sociales, emocionales y psicológicos son decisivos en la compresión e  instrumentación de la atención prenatal apropiada.

  1. Toda la comunidad debe ser informada sobre los diversos procedimientos que constituyen la atención del parto, a fin de que cada mujer pueda elegir el  tipo de atención que prefiera.
  1. Debe fomentarse la capacitación de obstétricas o matronas profesionales. Esta profesión deberá encargarse de la atención durante los embarazos y partos normales, así como del puerperio.
  1. Debe darse a conocer entre el público servido por los hospitales información sobre las prácticas de los mismos en materia de partos (porcentajes de cesáreas, etc.)
  1. No existe justificación en ninguna región geográfica para que más de un 10 al 15% de los partos sean por cesárea.
  1. No existen pruebas de que se requiera cesárea después de una cesárea anterior transversa del segmento inferior. Por lo general deben favorecerse los partos  vaginales después de cesáreas, donde quiera que se cuente con un servicio quirúrgico de urgencia.
  1. No existen pruebas de que la vigilancia electrónica del feto durante el trabajo de parto normal tenga efectos positivos en el resultado del embarazo.
  1. No está indicado el afeitado de la región púbica ni las enemas preparto.
  1. Las embarazadas no deben ser colocadas en posición de litotomía (acostada boca arriba) durante el trabajo de parto ni el parto. Se las debe animar a caminar durante el trabajo de parto y cada mujer debe decidir libremente la posición que quiere asumir durante el parto.
  1. No se justifica el uso rutinario de la episiotomía (incisión para ampliar la abertura vaginal)
  1. No deben inducirse (iniciarse por medios artificiales) los partos por conveniencia. La inducción del parto debe limitarse a determinadas indicaciones médicas. Ninguna región geográfica debe tener un índice de trabajos de parto inducidos mayor al 10%. 
  1. Debe evitarse durante el parto la administración por rutina de fármacos analgésicos o anestésicos que no se requieran específicamente para corregir o evitar una complicación en el parto.
  1. No se justifica científicamente la ruptura artificial de membranas por rutina.
  1. El neonato sano debe permanecer con la madre cuando así lo permita el estado de ambos. Ningún procedimiento de observación del recién nacido justifica la separación de la madre.
  1. Debe fomentarse el inicio inmediato del amamantamiento, inclusive antes de que la madre salga de la sala de partos.
  1. Deben identificarse las unidades de atención obstétricas que no aceptan ciegamente toda tecnología y que respetan los aspectos emocionales, psicológicos y sociales del nacimiento. Deben fomentarse las unidades de este tipo y los procedimientos que las han llevado a adoptar su actitud deben estudiarse, a fin de que sirvan de modelos para impulsar actitudes similares en otros centros e influir en las opiniones obstétricas en todo el país.
  1. Los gobiernos deben considerar la elaboración de normas que permitan el uso de nuevas tecnologías de parto sólo después de una evaluación adecuada. Estas recomendaciones se tomaron de un informe sobre «Tecnologías de Parto Apropiadas» publicado por la OMS en abril de 1985

Fuentes:

  • Vítolo F. Parto humanizado. Dilemas éticos, operatives y legales. Biblioteca virtual NOBLE ®. Agosto 2016
  • WHO World Health Organization. Appropriate technology for birth. Lancet 1985; ii:436-437.